
El incendio del 27 de marzo de 2023 en la estación migratoria de Ciudad Juárez no terminó para quienes sobrevivieron ni para las familias de los 40 migrantes que murieron.
A más de tres años de la tragedia, sus consecuencias persisten en enfermedades, crisis nerviosas, depresión, dificultades económicas y un duelo que se extiende hasta los países de origen de las víctimas.
Durante la audiencia del martes, en donde se declaró extinta la acción penal en contra de Francisco Garduño Yáñez por el ejercicio ilícito del servicio público, sobrevivientes y familiares relataron las secuelas que enfrentan, la falta de atención médica y psicológica y la dificultad de reconstruir sus vidas después de la tragedia.
Gaspar, uno de los sobrevivientes, necesitó interpretación al k’iche’ de Lorenza Chávez, quien se conectó de manera virtual a la audiencia desde Santa Cruz del Quiché, Guatemala.
Dijo que padece dolores de cabeza, mareos, presión alta, dificultades para respirar y crisis nerviosas que le impiden trabajar con normalidad. Explicó que necesita una valoración especializada de neurología, pero que en Guatemala no encuentra esos servicios.
También señaló que sus padecimientos le dificultan mantener a su familia y pidió apoyo al tribunal para atenderse y salir adelante. La interpretación enfrentó dificultades cuando la localidad de Chávez se quedó sin energía eléctrica.
J. V. H., padre de Daniel, una de las víctimas mortales, contó que se encontraba fuera de su país cuando murió su hijo.
Regresó a su país porque ya no soportaba el dolor y hubo momentos en los que deseó morir, pues no podía aceptar la pérdida, aseguró.“Era una persona que tenía sueños y ambiciones”, dijo sobre Daniel.
El padre explicó que envió apoyo económico desde Estados Unidos, pero lo recibido fue insuficiente.
Relató que llegó a pensar en suicidarse y recordó las noches terribles que pasó al recordar lo sucedido. Durante su intervención, se le quebró ligeramente la voz.
“Pido que se haga justicia”, expresó. Dijo que su petición es que las familias puedan cerrar ese ciclo.M. S. G. R., madre de otro migrante fallecido, pidió que el caso no quede impune.
Contó que se enteró del incendio por redes sociales y que todavía no recibe las pertenencias de su hijo. Al recordar un video en el que lo vio patear la puerta de la estación para que le abrieran, se le quebró la voz.
La mujer, quien dijo ser viuda, explicó que su hijo era el único que la mantenía y que quedó desprotegida tras su muerte.
Afirmó que no ha recibido atención médica ni psicológica y que el dinero entregado no alcanza para cubrir sus necesidades.
La atención médica no llegó
W. A. J. H., sobreviviente del incendio, dijo que tampoco ha recibido atención médica ni psicológica. Describió problemas para caminar y respirar, dolores de cabeza y padecimientos renales.
“Tengo muchas enfermedades, me falta el oxígeno, tengo dolores de cabeza, estoy malo de mis riñones”, relató al juez. Dijo sentirse triste, frustrado y deprimido, sin saber qué hacer con su vida.“Es injusto. Nunca se van a poner en mi lugar”, expresó.D. A. P. R., hermana de una víctima mortal, afirmó que ni ella ni otros familiares han recibido la atención médica que necesitan, pese al convenio entre el Instituto Nacional de Migración y el Instituto Mexicano del Seguro Social. Señaló que su madre y otros integrantes de la familia también están enfermos.
Rechazó la disculpa pública de Francisco Garduño Yáñez y sostuvo que el excomisionado debe reconocer su responsabilidad y pedir perdón de corazón.J. R. M. F., quien habló en nombre de su esposa, cuestionó que la indemnización de tres millones 500 mil pesos destinada a familiares de una persona fallecida sea suficiente para reconstruir una vida en Venezuela.
Dijo que esperaba un apoyo estable o documentos que les permitieran trabajar en México.“Una disculpa no va a mantener a una familia. Lo que perdimos es mucho más”, manifestó.
Víctimas no perdonaron a Garduño
G. C. Q. M., hermana de otro de los fallecidos, dijo que había renunciado a sus expectativas de justicia. Cuestionó las indemnizaciones por considerarlas insuficientes al convertirlas a la moneda de Guatemala y reprochó a la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas lo que consideró omisiones en su representación.
“Nos metieron gol, fuimos una burla para la CEAV”, afirmó.La mujer dejó claro que las disculpas de Garduño no significaban que las familias estuvieran dispuestas a perdonarlo.“La disculpa de Dios no sé si la vaya a tener; la de nosotros no la va a tener”, dijo.Al escuchar estos testimonios, Garduño cruzó los brazos, comió y se tapó la boca.
Los testimonios mostraron que las consecuencias del 27 de marzo siguen atravesando fronteras y hogares. Para los sobrevivientes y víctimas indirectas, el incendio permanece en el cuerpo, en la salud mental y en la dificultad de reconstruir la vida después de la tragedia.


