
La atención después de un intento de suicidio debe continuar con seguimiento profesional y apoyo de quienes rodean a la persona, ante el riesgo de que enfrente otra crisis, explicó Óscar Esparza, coordinador de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ).
El acompañamiento, señaló, también requiere escuchar sin descalificar lo que siente.
En entrevista exclusiva, el profesor e investigador explicó que un intento previo es uno de los indicadores de riesgo que deben considerarse durante la atención.
“Si alguien lo intentó, es probable que lo vuelva a intentar si no recibe ayuda, si no recibe cuidado”, expresó, aunque aclaró que esa posibilidad no significa que necesariamente ocurrirá.
El académico señaló que la intervención debe incluir tanto a la persona como a su círculo cercano, para que quienes conviven con ella sepan cómo apoyarla después de la crisis.
Explicó que el profesional a cargo puede orientar a la familia sobre las señales que requieren atención, cuándo contactar al terapeuta y en qué circunstancias acudir a un servicio de urgencias.
Ese apoyo empieza por tomar en serio a quien expresa que ya no quiere vivir, indicó Esparza. Comentó que algunas familias responden con frases como “son tonterías” o “esas son ideas de flojos”, en lugar de buscar atención.
“Sí hay herramientas, sí hay cosas que se pueden hacer”, afirmó al referirse a las opciones de ayuda profesional.
Permitir que la persona hable, mostrar interés y preguntarle qué le sucede son formas de acompañarla, explicó el investigador. Aunque una conversación puede ofrecer alivio, precisó que no basta cuando existen pensamientos suicidas y se necesita atención especializada.
“Escucharlo y dejar que se exprese”, recomendó a quienes no cuentan con formación en psicología y desean ayudar.Ante una emergencia,
Esparza recomendó llamar al 9-1-1 o acudir a un servicio de urgencias para que la persona reciba atención y sea canalizada. Mientras llega el auxilio, aconsejó conversar con ella y escucharla.
Preguntas como “¿en qué te puedo ayudar?” o “¿qué está pasando?” pueden facilitar ese contacto y dar tiempo a la llegada de los servicios de emergencia, explicó.
Después de la crisis, también es necesario conocer cómo reacciona el entorno, pues algunas familias tienden a criticar y otras a sobreproteger o aislar, señaló el académico.
Explicó que la orientación debe partir de una evaluación de esas dinámicas, ya que las necesidades de cada hogar son distintas y ciertas respuestas pueden dificultar la recuperación.
El círculo de apoyo no siempre está formado únicamente por familiares, puntualizó Esparza. Puede incluir a la pareja, hermanos o amistades con quienes exista confianza.
Como ejemplo, mencionó a estudiantes que llegan de otra ciudad y encuentran en sus amigos a las personas más cercanas, por lo que consideró necesario incorporarlos al acompañamiento cuando corresponda.
En niñas, niños y adolescentes, el investigador destacó la participación de quienes están a cargo de su cuidado para facilitar el acceso a la atención.
Si una situación de riesgo se presenta en la escuela, recomendó contactar a la familia y hacerle ver la necesidad de buscar ayuda, además de atender la emergencia si existe peligro inmediato.
El regreso a clases o al trabajo después de una crisis depende de las condiciones de cada persona y de la evaluación profesional, indicó Esparza.
Explicó que debe revisarse si alguno de esos espacios forma parte del malestar y si se requiere una pausa o algún cambio. Retomar la rutina, añadió, debe responder a las circunstancias de cada caso.
Durante el seguimiento se evalúan los pensamientos suicidas y los síntomas de ansiedad y depresión, además de lo que la propia persona expresa sobre su estado de ánimo, explicó el académico.
Señaló que esa revisión permite reconocer avances y detectar si reaparecen dificultades, por lo que el contacto con el profesional debe mantenerse como parte de la atención.
La recuperación también implica aprender a identificar señales para pedir ayuda nuevamente, señaló Esparza, quien mencionó la desesperanza, el pesimismo y la tristeza entre los cambios que deben revisarse durante ese proceso.
“Es importantísimo el seguimiento y enseñarles los focos rojos”, expresó, con el propósito de atender el malestar sin esperar a otra crisis.



