
Calles con pocos peatones, negocios esperando clientes y empleados enviados a casa ante la falta de ventas forman parte de una escena que comerciantes del centro de El Paso aseguran se ha vuelto más frecuente durante los últimos días, conforme crece el temor entre visitantes mexicanos a perder su visa en medio de la cruzada del gobierno estadounidense contra el llamado “turismo de nacimiento”.
En años anteriores, el porcentaje de ventas comerciales de El Paso a visitantes internacionales variaba entre el 8% y el 14% del total —$20,000 millones de dólares en 2026, de acuerdo con el reporte Borderplex Economic Outlook to 2027, del Border Region Modeling Project de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP)—. En tiempos más recientes, el promedio de esa cifra ha bajado al 7%.
“Estas políticas actuales posiblemente causarán disminuciones adicionales y bancarrotas comerciales innecesarias por parte de empresarios paseños”, advirtió el doctor Tom Fullerton, catedrático de Economía de la UTEP.
La incertidumbre provocada por las acciones del gobierno estadounidense contra el turismo de nacimiento ha comenzado a generar temor entre residentes fronterizos que utilizan visas de turista o tarjetas de cruce fronterizo, particularmente entre familias mexicanas cuyos hijos nacieron en Estados Unidos.
El temor a enfrentar cuestionamientos de las autoridades migratorias, o incluso a perder el documento que durante años les ha permitido cruzar hacia El Paso, está provocando, según comerciantes y consumidores entrevistados, que algunas familias de Ciudad Juárez prefieran permanecer temporalmente del lado mexicano.
Y esa ausencia comienza a sentirse en las cajas registradoras. En una economía fronteriza donde los compradores procedentes de México forman parte cotidiana de la actividad comercial, propietarios y empleados advierten que el impacto podría extenderse desde pequeños establecimientos del centro hasta restaurantes y grandes zonas comerciales frecuentadas por visitantes mexicanos.
Socorro Pinales, empleada de La Quinta, establecimiento especializado en ropa interior ubicado sobre la calle El Paso, observa diariamente el movimiento —o la falta de él— desde el interior del negocio. “Desde que empezó esto han sido unos días muy solos. No hay gente, no hay venta. Está muy solo el centro”, expresó.
Calculó que la disminución en las ventas ronda el 50%.
Y agregó: “De la mitad de ventas que teníamos antes, ahorita sí nos ha afectado bastante, y más hoy sábado”.
Para negocios como el suyo, explicó, los visitantes procedentes de Ciudad Juárez representan una parte importante de los ingresos, porque realizan compras tanto al mayoreo como al menudeo.
Pero la caída de clientes tiene una consecuencia adicional: menos horas de trabajo para los empleados.
“Sin ventas, no hay trabajo”, lamentó Pinales. “Han descansado a varias muchachas por estar así, y todas necesitamos trabajo”.
Las disposiciones consulares estadounidenses establecen que una persona no puede utilizar una visa de visitante cuando su propósito principal es viajar a Estados Unidos para dar a luz, con la intención de obtener la ciudadanía estadounidense para el recién nacido. Las propias directrices, sin embargo, señalan que el embarazo por sí mismo no es motivo automático para negar una visa, y contemplan circunstancias médicas u otros motivos legítimos de viaje.
El tema adquirió mayor atención en Texas después de que el gobernador Greg Abbott firmara, el 21 de julio, una orden para que diversas agencias estatales investiguen esquemas ilegales relacionados con el turismo de nacimiento dentro del sector de salud, y adopten medidas contra proveedores que participen en ellos.
En Ciudad Juárez también han comenzado a circular reportes sobre cancelaciones de visas relacionadas con el tema. Una publicación reciente, que citó al abogado migratorio Arturo Vázquez, reportó decenas de casos de personas que presuntamente perdieron sus documentos en puentes internacionales.
La incertidumbre generada por esos casos parece haber sido suficiente para modificar temporalmente los hábitos de algunas familias.
Alberto Alatorre recorría uno de los establecimientos del centro para comprar una camisa cuando explicó que algunos de sus familiares han optado simplemente por no cruzar. “No quieren cruzar porque ya han sabido de conocidos que les han quitado su visa”, comentó.
Según Alatorre, algunos prefieren esperar varios meses antes de volver a cruzar, para evitar exponerse a perder un documento indispensable para la vida cotidiana de muchas familias fronterizas. Otros continúan realizando sus actividades con normalidad.
Rigoberto Valenzuela había cruzado acompañado de su esposa e hijo, y dijo haber tardado aproximadamente 45 minutos. Aunque observó movimiento en los cruces, reconoció no conocer suficientemente el tema de las cancelaciones de visas como para emitir una opinión.
Su experiencia refleja otra parte de la realidad: mientras algunas familias han decidido mantenerse alejadas temporalmente de los puentes, otras siguen cruzando sin reportar problemas.
Para Julia Borjas, propietaria de una tienda de perfumes, el efecto económico resulta evidente. Explicó que una parte de sus clientes de México continúa comprando mediante terceras personas, pero advirtió que “no es lo mismo que ellos vengan”.
La comerciante estima una reducción considerable en el movimiento de compradores, y teme que, de mantenerse la tendencia, establecimientos del área tengan que disminuir las horas de sus trabajadores.
Hasta ahora ella no ha tenido que hacerlo, pero considera que otros negocios podrían comenzar a tomar esas decisiones. Su preocupación va más allá de las ventas individuales.
Borjas pidió que las autoridades consideren el efecto que una reducción prolongada del consumo puede tener sobre toda la economía local. “Si no hay ventas porque no hay gente comprando, ¿de dónde les va a pagar uno impuestos?”, cuestionó.
La comerciante calcula que actualmente su clientela se encuentra prácticamente dividida entre compradores estadounidenses y mexicanos, estos últimos procedentes principalmente de Ciudad Juárez y otras localidades de Chihuahua.
Y es que durante décadas, la dinámica comercial de El Paso ha estado estrechamente vinculada al consumidor mexicano. Familias cruzan para comprar ropa, perfumes, electrónicos, alimentos y otros productos, además de consumir en restaurantes y contratar servicios.
Por ello, comerciantes consultados temen que una disminución sostenida del cruce termine extendiendo sus efectos más allá del corredor comercial de la calle El Paso.
Zonas como Cielo Vista, los Outlets y Sunland Park, además de restaurantes y otros establecimientos de la región, dependen en distintos grados del movimiento de una población binacional acostumbrada a desplazarse entre Ciudad Juárez y El Paso.
La percepción de calles menos concurridas resulta particularmente preocupante durante los fines de semana, tradicionalmente asociados con una mayor presencia de compradores mexicanos.






