
Más allá de la fuerza y la técnica, este deporte enseña resiliencia, tolerancia a la frustración y la posibilidad de volver a intentarlo. Dos entrenadores con experiencia internacional compartieron con los atletas de la UACJ las lecciones que han recogido dentro y fuera del colchón
En la lucha se aprende a atacar, defenderse, mantener la guardia y saber caer. Pero quizá una de sus enseñanzas más importantes aparece precisamente después de una derrota: levantarse y volver a intentarlo.
“Te desarrolla muchas habilidades y capacidades sociales, como la resiliencia y la tolerancia a la frustración; aprendes que siempre hay una nueva oportunidad para hacer las cosas”, dice Alexis Olvera Magallanes.

Él comenzó a practicar este deporte cuando apenas tenía seis años, pues la lucha ya formaba parte de su historia familiar: su padre y su tío participaron en Juegos Olímpicos. Hoy, a sus 33 años, acumula 11 como entrenador, luego de una trayectoria deportiva en la que fue dos veces campeón panamericano y participó en dos clasificatorios para Juegos Olímpicos.
Como entrenador también ha sido reconocido en dos ocasiones con el Premio Estatal del Deporte y recientemente participó en un campeonato mundial junto con uno de sus atletas.
Parte de esa experiencia llegó este lunes al Complejo Deportivo de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), donde Olvera Magallanes y el entrenador y fisioterapeuta Nasario Suaste Emmanuel Torres impartieron la Clínica de luchas asociadas, dirigida al equipo representativo de esta casa de estudios.
Durante cuatro horas, de las 16:00 a las 20:00, los universitarios tuvieron la oportunidad de revisar lo que hacen todos los días, pero desde los ojos de entrenadores externos con experiencia en competencias nacionales e internacionales.
Porque hasta para aprender a luchar es necesario permitir que alguien más observe nuestros errores.

María Paulette Sandoval Meléndez, entrenadora del equipo de Lucha Universitaria, explica que traer este conocimiento a la UACJ era particularmente importante, debido a la experiencia reciente de los invitados en competencias panamericanas y mundiales.
“Es traer toda esa información con nosotros, ayudarnos a mejorar y encontrar puntos que podamos aprovechar para llegar al podio el siguiente año en la Universiada”.
El representativo universitario está integrado actualmente por 33 atletas, 12 mujeres y 21 hombres, y ha participado ya en seis universiadas.
Los resultados muestran su crecimiento. Tan solo el año pasado, el equipo obtuvo cinco medallas en competencia universitaria y, en distintos torneos abiertos, acumuló 17 preseas entre platas y bronces.
Pero una clínica como esta también parte de reconocer que siempre existe algo por corregir.
Sandoval Meléndez explica que el ejercicio permite que entrenadores externos revisen las técnicas de los atletas, detecten áreas de oportunidad y propongan ajustes para mejorar su desempeño.
Y esas correcciones tendrán pronto una prueba: el Grand Prix, previsto para octubre y que se perfila para realizarse en la Ciudad de México.

Nasario Suaste Emmanuel Torres llegó desde Yucatán. Es entrenador de selecciones estatales y fisioterapeuta, una combinación que le permite mirar la lucha no solamente desde el rendimiento, sino también desde el cuidado del cuerpo.
Por eso, antes de enseñar cómo atacar, también habló de cómo prevenir una lesión.
“Ahorita venimos a dar el seminario dividido en diferentes partes. Está la preventiva, porque desde mi papel como fisioterapeuta es importante que conozcan la prevención; después trabajamos calentamiento, técnicas, estrategias y algunos tips específicos que hemos adquirido durante nuestros años de experiencia”.
Parte de ese aprendizaje proviene de competencias y campamentos internacionales, incluidos entrenamientos en lugares como Estonia y Río de Janeiro.
Para Suaste Torres, antes de llegar a las maniobras más complejas hay fundamentos que ningún luchador debería saltarse: aprender la posición, la guardia, los ataques, las defensas y los contraataques.
Y también la acrobacia, porque saber caer, moverse y girar correctamente puede evitar lesiones y darle al deportista herramientas para responder ante situaciones inesperadas.
En cierta forma, esa idea también resume lo que sucede fuera del colchón.
Alexis Olvera observa en el representativo de la UACJ un equipo que todavía tiene camino por recorrer, pero también posibilidades importantes.
“Es un equipo que en los últimos años ha crecido bastante en calidad y cantidad. Cada vez se desempeña un poco mejor en las competencias. Tiene muy buena energía y creo que, con el tiempo, va a ir dando mejores resultados”.

Cuando se le pregunta qué le permitió construir su propia trayectoria, responde con cuatro palabras:
“La constancia, la dedicación, la entrega y el compromiso”.
Pero al hablar de la lucha, su respuesta va mucho más allá de las medallas.
“Sí”, reconoce, es un deporte de contacto y físicamente muy exigente. Sin embargo, lo que permanece después de años de practicarlo no necesariamente cabe en un podio.
“La lucha, además de desarrollar capacidades físicas, desarrolla habilidades sociales como la resiliencia y la tolerancia a la frustración. Te enseña que siempre hay una nueva oportunidad para hacer las cosas y que, aunque todo se vea muy difícil, mientras sigas intentando superarte puedes llegar a los objetivos que tienes”.
Quizá por eso, durante las cuatro horas de la clínica, los atletas universitarios no solamente aprendieron nuevas maneras de atacar, defenderse o mantener la guardia. También practicaron algo que servirá mucho después de abandonar el colchón: aprender a caer, levantarse y saber que siempre existe una nueva oportunidad.






