
Lo que comenzó como una clínica con dos consultorios hoy se consolida como un espacio académico emblemático de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez en el que se forman especialistas, impulsa la investigación veterinaria atendiendo a miles de perros y gatos cada año
Fue en el año de 1986 cuando la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) dio un paso que transformaría la enseñanza de la medicina veterinaria en el norte del país.
Con recursos propios, la institución acondicionó un espacio destinado a la entonces Clínica de Pequeñas Especies de la Licenciatura en Médico Veterinario Zootecnista, un proyecto concebido para fortalecer la formación clínica de los estudiantes y responder a una necesidad creciente de atención médica especializada para perros y gatos.
Aquel primer inmueble reunía solo dos consultorios, una sala terapéutica, farmacia, laboratorio de pruebas básicas, área de rayos X, sala de jaulas y dos quirófanos, infraestructura que representaba un avance significativo para la época.
La inauguración estuvo encabezada por el ingeniero Alfredo Cervantes García, cuarto rector de la UACJ, acompañado por el doctor Elías Abbud Abbud, director del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICB); el doctor Jorge Álvarez Figueroa, director de la Licenciatura en Médico Veterinario Zootecnista; el doctor Javier Sánchez Peña, fundador y primer responsable de la Clínica de Pequeñas Especies, así como por la doctora Socorro Lara Díaz, profesora de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cuya presencia simbolizaba el respaldo académico de una de las instituciones pioneras en la enseñanza de la medicina veterinaria en México.
Cuatro décadas después, aquel proyecto universitario ha evolucionado hasta convertirse en el Hospital Veterinario Universitario Perros y Gatos de la UACJ, un centro donde convergen la atención médica especializada, la investigación científica y la formación de nuevas generaciones de médicos veterinarios.
Para la doctora Carolina Montelongo Ponce, responsable del hospital desde diciembre de 2007 hasta la fecha, existe una imagen que resume estos cuarenta años de historia: el trabajo en equipo.

«Lo resumiría en una sola idea: el trabajo en equipo», afirma. «Gracias al esfuerzo conjunto ha sido posible consolidar la medicina y cirugía en perros y gatos, fortalecer esta área de la medicina veterinaria y formar profesionales capaces de ejercer con calidad, ética y responsabilidad.»
Cambiar la manera de enseñar
Cuando nació la clínica, la medicina de pequeñas especies ocupaba un lugar secundario dentro de la profesión. La formación veterinaria estaba dirigida principalmente a los animales de producción y eran pocos quienes consideraban a los perros y gatos como un campo de especialización.
Ese panorama comenzó a cambiar gracias a la visión de académicos como los doctores Javier Sánchez Peña y Pedro Ortega, quienes incorporaron al proyecto universitario conocimientos adquiridos durante su formación en instituciones nacionales e internacionales.
Uno de los cambios más importantes fue adoptar el expediente clínico orientado a problemas, modelo utilizado por la UNAM y que continúa vigente en el hospital.
Más que enseñar procedimientos, la intención era formar médicos capaces de razonar clínicamente, construir diagnósticos y sustentar cada decisión terapéutica. Esa filosofía transformó la enseñanza de la medicina veterinaria dentro de la UACJ.
Entre quienes fueron testigos del nacimiento de la entonces Clínica de Pequeñas Especies se encuentra el médico veterinario zootecnista Miguel Octavio Montoya Domínguez, quien formó parte de la 13º generación (1982-1987) de este programa académico, la cual tuvo la certeza de ser pionera en las actividades del citado proyecto universitario.

Aunque reconoce que en ese momento no alcanzó a dimensionar la trascendencia de aquel espacio, con el tiempo comprendió que ahí comenzaría realmente su formación profesional.
«Había tenido muy buenos maestros, pero sentía que me hacía falta la parte práctica. Cuando abrió la clínica entendí que sería la oportunidad para convertir en experiencia todo lo que había aprendido en las aulas.»

Bajo la supervisión de profesores como los doctores Javier Sánchez Peña y Eduardo Martín Betancourt Morales, Montoya descubrió una forma distinta de aprender medicina veterinaria.

Los cursos de actualización, la atención directa de pacientes y el contacto cotidiano con casos clínicos le permitieron desarrollar un criterio profesional que, asegura, difícilmente habría adquirido únicamente dentro del salón de clases.
«Fue aquí donde realmente me formé como médico. La universidad es mi triple alma mater: aquí estudié, aquí realicé mi servicio social y aquí me quedé trabajando».
En 1988 fue invitado a incorporarse al proyecto como médico del hospital. Ocho años después obtuvo su plaza como académico de tiempo completo, cargo que desempeña hasta la actualidad.
Una escuela donde el aprendizaje nunca se detiene
El hospital dejó de ser únicamente un espacio de consulta para convertirse en un escenario permanente de formación académica.
Actualmente cuenta con un equipo base integrado por 10 personas entre personal médico docente, administrativo y de apoyo.
A ello se suma una comunidad estudiantil que participa de manera constante en distintos programas académicos.
Cada semestre realizan actividades entre ocho y 10 alumnos de Servicio Social; de 10 a 12 estudiantes de Estancia Rotatoria, provenientes tanto de México como del extranjero; entre 15 y 20 alumnos de Práctica Profesional Supervisada, así como alrededor de 20 médicos veterinarios residentes de la Especialidad en Medicina y Cirugía de Perros y Gatos.
Además, más de 300 estudiantes de licenciatura rotan cada semestre por áreas como Medicina de Perros y Gatos, Imagenología y Estadística, convirtiendo al hospital en un laboratorio vivo donde la enseñanza ocurre todos los días.
El consultorio que se convirtió la cátedra científica
La evolución del hospital también puede medirse a través de la ciencia. Uno de los ejemplos más claros ha sido el tratamiento del parvovirus canino.
Hace cuatro décadas la enfermedad registraba altos índices de mortalidad entre los cachorros. Hoy, gracias a la investigación, la mejora de las vacunas, el desarrollo de nuevos protocolos médicos y el diagnóstico oportuno, el pronóstico para muchos pacientes es completamente distinto.
Ese crecimiento científico también impulsó proyectos de colaboración con otras áreas del ICB, particularmente en el desarrollo de pruebas moleculares mediante PCR (análisis de sangre) para diagnosticar enfermedades como ehrlichiosis (infección bacteriana grave transmitida principalmente por la picadura de garrapatas infectadas que afecta tanto a humanos como a perros), moquillo canino, dirofilariosis (enfermedad transmitida por la picadura de mosquitos infectados) y parvovirus (es una enfermedad viral, grave y muy contagiosa que ataca el aparato digestivo y las defensas de los perros).
La investigación dejó de ser una actividad complementaria para convertirse en uno de los pilares del hospital.
Un hospital para la comunidad
Cada año el Hospital Veterinario Universitario recibe alrededor de mil 200 pacientes de primera consulta.
Si se consideran revisiones, hospitalizaciones, procedimientos quirúrgicos y consultas subsecuentes, la cifra supera las tres mil 200 atenciones anuales.
Detrás de cada expediente existe una familia que deposita su confianza en la universidad.
«Esa es probablemente nuestra mayor responsabilidad», señala la doctora Montelongo. «Cuando alguien trae aquí a su perro o a su gato nos está confiando a un integrante de su familia. Nuestro compromiso es ofrecer la mejor atención posible y actuar siempre con ética y profesionalismo.»
Para sostener esta atención sin interrupciones, desde que entró en operaciones este recinto, se consiguió implementar un proyecto autofinanciable; este modelo le permite al personal operar durante todo el año, incluidos los periodos vacacionales.
«Los recursos generados por la atención médica ingresan a la universidad y se destinan directamente a la compra de insumos, medicamentos, mantenimiento y equipamiento (rayos X, ultrasonidos, aparatos de anestesia, monitores). Además, con este esquema podemos remunerar al personal médico y docente que supervisa a los alumnos. Mantenemos costos accesibles para la comunidad de Ciudad Juárez y El Paso, asegurando un servicio médico de alta calidad».
No obstante, antes las clínicas cerraban a las 8:00 p.m. y el paciente quedaba a su suerte hasta el día siguiente. Analizando el impacto de las guardias, la doctora Montelongo subraya que se dieron cuenta de que el monitoreo las 24 horas salvaguardaba vidas.
«Actualmente mantenemos esa dinámica: el hospital cuenta con dormitorios y baños para los residentes de la especialidad que realizan las guardias nocturnas, garantizando la presencia constante de personal médico».
Mientras que, después de casi cuatro décadas de servicio, el doctor Montoya Domínguez, Profesor de Tiempo Completo, adscrito al Departamento de Ciencias Veterinarias, reconoce que resulta imposible contabilizar la cantidad de pacientes que han pasado por sus manos. Sin embargo, hay historias que permanecen intactas en la memoria.
Recuerda perros que llegaron con quemaduras severas, animales enterrados vivos y pacientes rescatados después de sufrir actos de crueldad extrema.
«Son casos que nunca se olvidan. Llegaban con lesiones muy graves y, aun así, salían adelante únicamente con tratamiento médico y muchas horas de hospitalización.»
Cada recuperación representaba también una lección para los estudiantes que participaban en la atención médica.
«Aquí vemos desde una consulta de rutina hasta casos muy complejos. Siempre tratamos de hacer todo lo posible por cada paciente.»
Mirar hacia los próximos cuarenta años
El crecimiento del hospital no se detiene. Aprobada la transformación de clínica a hospital universitario por el Honorable Consejo Universitario del 2008, la ampliación de su infraestructura, la adquisición de equipo especializado, la creación de programas de posgrado y el establecimiento de vínculos con universidades de México, Estados Unidos, España y Sudamérica forman parte de una estrategia que busca consolidar a la UACJ como referente nacional en medicina veterinaria de pequeñas especies.
Actualmente, la distribución del Hospital Veterinario Universitario de Perros y Gatos está de la siguiente manera:
- Consultorios (1, 2 y 3), recepción, área de cubículos y urgencias / cuidados intensivos.
- Áreas administrativas y de servicios como farmacia, vestidores (hombres y mujeres), dormitorios, biblioteca y cubículos de maestros.
- Zonas operativas y clínicas especializadas como anestesia y preparación, quirófano, área de transferencia, radiología, laboratorio/cuarto obscuro y área de estudio.
- Secciones específicas de hospitalización, incluyendo Hospital Infecciosos, Hospital Gatos, Hospital Medicina y Cirugía, lavandería y quirófano principal.
La meta ahora apunta hacia un nuevo hospital universitario con instalaciones de vanguardia, mayor capacidad para la investigación y espacios acordes con el crecimiento académico que ha experimentado durante las últimas décadas.
Para quienes han formado parte de esta historia, el aniversario número cuarenta no representa únicamente el paso del tiempo.
Por su parte Montoya Domínguez reflexiona que el mayor aprendizaje que deja el Hospital Veterinario Universitario no se encuentra únicamente en los procedimientos médicos, sino en la disciplina y el compromiso que exige la profesión.
Recuerda que durante sus años como estudiante no existían dormitorios para las guardias nocturnas. Si un paciente requería atención durante la madrugada, simplemente había que regresar al hospital.
Uno de esos días permanece grabado en su memoria: un primero de enero, con la ciudad cubierta de nieve, cuando acudió antes del amanecer para administrar medicamentos a los pacientes hospitalizados.
«No importaba la fecha ni el clima. Era parte de nuestra responsabilidad como estudiantes y futuros médicos».
Hoy, como profesor de licenciatura y posgrado, transmite esa misma convicción a las nuevas generaciones.
«Siempre les digo que asistan a clases y aprovechen cada momento de su formación. El tiempo como estudiante no vuelve. La clínica es mi vida, pero lo que más disfruto sigue siendo estar frente a un grupo compartiendo lo que he aprendido.»
Actualmente, Miguel Octavio Montoya Domínguez es el responsable del área de Radiología del Hospital Veterinario Universitario Perros y Gatos, y es reconocido como maestro en Ciencias Fisiológicas, con especialidad en Farmacología.
Es la evidencia de que una iniciativa nacida con dos consultorios y un pequeño laboratorio logró transformar la enseñanza de la medicina veterinaria en la frontera norte de México y construir una institución donde la docencia, la investigación y el servicio a la comunidad avanzan de la mano.
Ese es el legado más importante de estos primeros cuarenta años.



