
Kylie Jenner tiene 29 años y una fortuna construida sobre una imagen que ella misma ayudó a perfeccionar con años de retoques.
Admitió algo que había negado durante años: se arrepiente de lo que se hizo en la cara.
“Ojalá nunca hubiera tocado nada”, confesó, y agregó que no quiere que su hija Stormi, repita su camino.
Para algunos, es una muestra de honestidad valiente viniendo de alguien que moldeó los estándares de belleza de toda una generación.
Para otros, es hipocresía pura: se benefició del negocio de la perfección artificial y ahora, cuando le toca ser madre, pide lo contrario para su hija.
¿Se puede perdonar el arrepentimiento tardío de quien ayudó a normalizar la cirugía estética entre millones de jóvenes?





