
La presidenta en su conferencia matutina afirmó que la corrupción en México la combaten las autoridades mexicanas
El domingo, el diario Los Angeles Times reveló que el gobierno de Donald Trump prepara una campaña anticorrupción dirigida contra funcionarios mexicanos con presuntos vínculos con el crimen organizado, que podría ir más allá de la cancelación de visas e incluir acusaciones formales ante tribunales federales estadounidenses
La señal de alarma la lanzó el propio embajador Ronald Johnson desde Sinaloa, durante la ceremonia del proyecto Pacífico Mexinol, con una frase que nadie en la sala ignoró: “Es posible que pronto veamos avances importantes en este ámbito. Así que estén atentos.”
Este lunes, en su conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum fue cuestionada al respecto. Y su respuesta incluyó un recordatorio histórico que no fue casual.
“Lo que tiene que haber es pruebas”: la postura de Sheinbaum
La mandataria fue directa: la lucha contra la corrupción en México le corresponde al gobierno mexicano, a la Fiscalía General de la República y a las fiscalías estatales. No a Washington.
“Igual que le corresponde a Estados Unidos por actos de corrupción de funcionarios estadounidenses en Estados Unidos. No es un asunto solo de México”, señaló.
Sheinbaum dejó en claro que su gobierno no protegerá a nadie que tenga evidencias en su contra, pero advirtió que cualquier investigación —venga de donde venga— debe estar respaldada por pruebas verificables y revisadas por las autoridades competentes: “Lo que tiene que haber es pruebas, cargas y evidencias claras.”

El fantasma de Cienfuegos
Para ilustrar su punto, Sheinbaum recurrió a uno de los episodios más tensos de la relación bilateral reciente: el caso del general Salvador Cienfuegos.
El exsecretario de Defensa fue detenido en 2020 por la DEA en Estados Unidos bajo cargos de narcotráfico. El entonces presidente López Obrador solicitó a Trump y al fiscal estadounidense toda la información disponible. La respuesta fue contundente: no había pruebas suficientes. Cienfuegos fue devuelto a México, la FGR investigó y concluyó que no existía delito que perseguir.
El mensaje implícito de Sheinbaum fue claro: México ya vivió un caso en que EE.UU. actuó sin evidencia sólida. No está dispuesta a que se repita.

México también tiene pendientes con Washington
La presidenta aprovechó para recordar que la exigencia de rendición de cuentas debe ser bilateral. México lleva tiempo solicitando a Estados Unidos la detención de dos empresarios con doble nacionalidad vinculados al llamado huachicol fiscal —contrabando de combustibles— sin obtener resultados.
“Nosotros también pedimos que se entregue a México a empresarios que se dedicaban a una ilegalidad. Y todavía no hay resultados”, subrayó.
En cuanto al embajador Johnson, Sheinbaum fue mesurada: reconoció que hasta ahora ha mantenido “una relación diplomática y cordial” con el gobierno mexicano y que ha sido útil en temas como el agua y el transporte. Pero advirtió que si se confirmara una estrategia injerencista, “entonces lo haríamos ver”.






