
La presencia de unos 800 militares mexicanos en la frontera para detectar drones utilizados por traficantes vuelve a mostrar que México y Estados Unidos necesitan trabajar juntos frente a problemas que operan en ambos territorios.
La cooperación fronteriza requiere información compartida y acciones coordinadas, sin convertir esa relación en subordinación.
El secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla, informó que habrá intercambio de información con autoridades estadounidenses sobre el operativo. Ese mismo nivel de colaboración debería aplicarse al narcotráfico, un negocio cuya cadena comienza, cruza y termina en diferentes puntos de ambos países.
En Juárez existe una pregunta que merece una investigación mucho más profunda. Los aseguramientos de sustancias y precursores relacionados con la fabricación de metanfetaminas obligan a determinar hacia dónde se dirigía ese material y qué ocurría después de su llegada a la frontera.
La posibilidad de que existan narcolaboratorios en Juárez no puede afirmarse sin pruebas, pero tampoco debería descartarse sin investigar. Si cantidades importantes de sustancias necesarias para producir drogas sintéticas llegan hasta esta ciudad, resulta indispensable reconstruir su ruta y conocer quién las recibe, dónde son almacenadas y cuál sería su destino final.
Juárez ofrece además una posición estratégica. Es una ciudad conectada con rutas nacionales y ubicada frente a uno de los principales mercados estadounidenses. Un laboratorio clandestino instalado cerca de la frontera reduciría recorridos posteriores para colocar la droga del otro lado, aunque establecer que eso ocurre requiere evidencia de las autoridades.
Por eso la investigación binacional no debería terminar con decomisar cargamentos. Hay que seguir el dinero, los compradores, los inmuebles, las rutas y los destinatarios de los químicos. Y Estados Unidos tendría que hacer lo propio con las redes de distribución y consumo dentro de su territorio.
La coordinación adquiere sentido cuando permite reconstruir la cadena completa. El narcotráfico es un problema binacional y los posibles laboratorios en la frontera son una línea que merece investigarse antes de que los decomisos se conviertan simplemente en cifras.



