
A casi cuatro meses del hallazgo de 386 cuerpos que debieron ser cremados en un establecimiento subcontratado para ello, llamado Plenitud, los deudos que buscan en esos restos a sus seres queridos han hallado en grupos como Justicia para Nuestros Deudos y Memoria, Dignidad y Justicia, apoyo mutuo y un espacio de desahogo.
“Ahí al menos nos expresamos los sentimientos que tenemos y pues nos apoyamos en esto que ha sido bien duro, bien difícil, porque no tenemos a quién llorarle”, contó Sandra Arreola, quien el miércoles acudió al Servicio Médico Forense para ver si acaso alguna de las prendas de los cuerpos localizados es de su hermano, aunque no tuvo éxito.La mujer forma parte del colectivo Justicia para Nuestros Deudos, uno de dos que han gestionado diversas reuniones con autoridades para conocer los avances de las investigaciones y para exigir celeridad y justicia.
En Plenitud, al menos desde marzo de 2022 y hasta junio de 2025, José Luis A. C. (dueño) y Facundo M. R. (empleado) presuntamente acumularon cuerpos embalsamados que ya habían sido velados, y que debieron cremar, en un servicio subcontratado por funerarias de la ciudad.
Los dos están vinculados a proceso.Al 8 de octubre, 105 cadáveres habían sido identificados, 98 fueron entregados a sus núcleos familiares, y 73 familias interpusieron denuncias por fraude contra las funerarias que debieron ofrecer el servicio completo, pues cobraron para ello, informó la Fiscalía General del Estado.
La incertidumbre es parte de los sentimientos que han debido sortear las familias de los colectivos que buscan a sus seres queridos entre esos cadáveres, hallados en estado de descomposición y hacinamiento.Sin embargo, Sandra cree que “a lo mejor le estamos llorando a las cenizas, que son a lo mejor de perritos, sabrá Dios qué sea, piedras, cemento, como a muchos les pasó”.
En ese contexto surgieron los colectivos, uno de “un verdadero caos”, como cuenta Bertha Matías, de Memoria, Dignidad y Justicia, donde otro grupo de deudos comparte su pena.“Nuestro grupo nace el 1 de julio en la sede de (la Comisión Estatal de Atención a Víctimas), en el punto máximo de nuestra herida reabierta en la que muchas familias coincidimos.
Ese primer día que fue un verdadero caos, en el que nos encontramos una Fiscalía que aún no tenía claro cómo atender a tantas familias en duelo, en el que tuvimos que unirnos para exigir ser escuchados por el fiscal César Jáuregui”, dijo Bertha.
Era importante estar unidos, y por eso generaron lo que no consideran un colectivo, sino un conjunto de familias “en duelo, unidas por la herida abierta de un ser amado ausente, con la única misión de encontrarles y alcanzar la justicia”.
Volver a un segundo duelo fue “como si el alma se hubiese desgarrado de nuevo”, contó Bertha, pero en esa búsqueda de su ser querido y de justicia surgió el grupo que se ha transformado en “una red de apoyo donde se entiende el silencio, y donde el duelo se transforma en acción solidaria”.
Para Bertha, en el grupo de que forma parte “nuestra dignidad y la memoria de nuestros familiares valen más que cualquier agenda personal”, y “por eso cada paso que damos es un acto de resistencia”.




